VIUDA DE PAESA
Registrado: 29 Oct 2005 Mensajes: 6
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Publicado: Vie Dic 16, 2005 1:52 am Título del mensaje: |
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Desde luego, hay que ver qué gente más agradable frecuenta este foro, y qué educados son todos, que da gusto, oiga, con lo que hay por ahí, que el otro día se lo decía yo a una amiga, que yo no sé en qué va a terminar todo esto; y mira por dónde, ahora empiezo a entender a mi difunto esposo y hasta a perdonar la enfermiza devoción que les profesaba a ustedes y que tantas desdichas nos trajo; porque me tratan todos con una delicadeza y un respeto que, oiga, pues qué quieren que les diga, que una lo agradece de verdad, y más en estas circunstancias de desamparo que atravesamos, que si se las detallo, las circunstancias, pues no acabaríamos nunca, porque siempre hay algo, como si no tuviera una ya bastante, y si no, figúrense que el otro día va mi prima, la que no veía desde hace no sé cuánto, y me llama muy enfadada y me dice que… ay, no, no, que me lío y lo que yo quería era responder a este forero misterioso, el tal Cooper, que espero que no tenga nada que ver con aquel actor de cuando estonce, porque yo no le deseo a nadie ni la soledad ni el peligro, que bastantes peligros he toreado yo, y de soledades qué les voy a contar, porque de eso sí sé todo lo que hay que saber, que en eso soy doctora horroris causa, y voy a hacer una pausa para respirar porque he empezado lanzada y ya no puedo más.
Pues resulta que, con mucha delicadeza y con mucho respeto y tal, eso sí, pero como quien no quiere la cosa, el tal Cooper ha puesto en entredicho la opinión de una servidora, y todo por decir lo que no dije y, cómo no, porque cometí un desliz con lo del batería, que un desliz, oiga, como un mal día, lo tiene cualquiera, y no hay por qué pagarlo toda la vida, creo yo; y ojalá que usted no tenga nada de lo que arrepentirse, aunque me extrañaría, porque en el libro de la vida no hay página sin borrón, ni nosequé sin nosecuál, que ahora no me acuerdo, pero lo decía mucho mi abuela, que era ciega de nacimiento y no había visto un borrón en su vida; o sí, ahora que lo pienso. Pero es igual, a lo que iba; que dice este forero tan cortés, que desde cuándo es el metrónomo el que decide el carácter de una canción, que me pregunto yo que de dónde habrá sacado que yo he dicho tal cosa, porque sería como decir que mis movimientos de chirimbolito decidían el carácter de la Orquestina Escarlata, y yo allí, pueden estar seguros, no decidía ni dónde me ponía, y quiero decir encima o debajo. Pues claro que no, don Cooper; el metrónomo no decide, el metrónomo mide; que me ha debido de tomar por más tonta de lo que parezco y me quiere hacer picar; que se piensa usted que me voy a tragar lo de que los metrónomos se inventaron para que los baterías cazasen incautas, como si no supiese yo que el metrónomo se inventó mucho antes de que se inventasen los baterías y su ferretería ortopédica; y también sé, porque lo aprendí cuando estudiaba solfeo con las monjas, que los autores de música clásica, o sea, antes de Elvis, escribían en las partituras "Largo" o "Lento" para que fuese muy despacio, o "Adagio", un poco menos lento; o "Andante" o "Allegro", cada vez más rapidito; o "Vivace", ya con más caña; y que la invención del metrónomo ayudó a precisar esos concetos y otros más sutiles, como la diferencia entre el Andante con moto y el Andante sin ella; o lo que separa al Allegro ma non tropo de su primo el Allegro común, que es algo más asilvestrado y nerviosete; y también contribuyó a establecer unos criterios normalizados universalmente aceptables, relativos, eso sí, porque luego la moto del Andante no rueda igual si la conduce Von Karajan o Luis Cobos; y eso que a Beethoven le gustaba tanto el cacharrito, que anotaba las marcas de metrónomo en sus partituras para que éstas fuesen interpretadas como él quería. Así que ya ve, don Cooper, que el metrónomo es un poco más útil de lo que usted pretendía al considerar a una servidora como la inocente del chirimbolito; y no está bien eso de burlarse de una pobre viuda, que una está muy orgullosa de su cualificación profesional, y aunque el chirimbolito no decida nada, sí viene a confirmar lo que ya sugieren los nombres de los tiempos: moderado, alegre, vivaz, que no es otra cosa que la íntima relación existente entre el tempo de una obra, o el aire, que decían los clásicos, y su carácter.
Y créame, don Cooper, que con las personas pasa lo mismo, que se lo dice una servidora, porque a un tío de mi madre, que en paz descanse, le dio un aire y le cambió el carácter, y de ser trabajador y formal pasó a ser un vivalavirgen y un desastrao, y arruinó su vida y la de su familia, que si yo le contara las cosas que le hizo a esa pobre familia se iba usted a espeluznar, porque menudo pájaro resultó ser… pero bueno, mejor sigo con lo otro, porque una servidora está de acuerdo en que las canciones tienen un espíritu, un carácter, pero yo no creo que sea inmutable; por el contrario, pienso que, como en el caso del tío de mi madre, que en paz descanse, un aire lo puede trastocar todo y hacer de uno lo que no era. Porque los arreglos son a las canciones lo que el amor, la miseria, la educación o las malas compañías son a las personas, que pueden convertir, subvertir y hasta pervertir el carácter y hacerlo otro, de suerte que el que nació de una manera acabe convirtiéndose, incluso, en la contraria.
Por eso una servidora no cree que un bolero tocado al triple de velocidad siga siendo un bolero, por más que así lo recuerden los que lo conocieron antes de que le diese un aire: puede resultar interesante, pero me parece que es otra cosa y lo es intencionadamente. Y, sobre todo, no creo que una Misa de Réquiem siga siendo la misma después de que Chiquito de la Calzada haya hecho unos fandanguillos con ella; usted dirá lo que quiera, pero si yo llego a saber cómo era de verdad, no habría permitido que tal cosa se interpretase en el entierro de mi padre, porque menudo bochorno: figúrese que la gente batía palmas y hasta el cura terminó muerto de risa, cortando jamón para acompañar al vino, y tirándonos arroz, que cuando se acabó el arroz empezó con las aceitunas con sabor a anchoa, y menos mal que eran sin hueso, oiga; y para colmo, al despedirse, nos bendijo en el nombre del Padre, del Hijo y ¡Olé! Ya me dirá usted, don Cooper, si los arreglos no cambiaron el carácter de la cosa.
En fin; sin llegar a esos extremos, y en lo referente a la canción que nos ocupa, Reina de la noche, yo no digo que no fuese una balada; sólo digo (y es la humilde opinión de una servidora), que ya no lo es; vamos, que tal y como la conocemos ha dejado de serlo, precisamente por la intervención de unos arreglos que determinan su nuevo carácter: y es que yo creo que una canción es lo que se empeña en ser. Usted podría replicarme que hay algo que permanece siempre y tal… pues mire, don Cooper, no estoy tan segura sobre lo de las permanencias, porque una servidora ha sufrido mucho y ha visto ya de todo; sin ir más lejos, recuerdo haber vivido esto mismo con la Dra. Quiñones, la responsable de la salud mental de mi difunto esposo, que también me hablaba del alma y del espíritu y me recomendaba mirar en el interior de Paesa, donde, según ella, subyacían el niño tierno y amoroso que admiraba a su padre, el joven inteligente que despuntaba en la escuela de espías, el hombre cabal y brillante que burlaba los servicios de seguridad más invulnerables, y no sé cuántos otros; y yo no digo que no, pero yo a esos no los vi nunca, que debían estar muy escondidos; porque yo miraba y miraba en la oscura gruta llena de murciélagos que era el interior de mi marido, y qué quiere que le diga, don Cooper; yo sólo veía lo que veía, lo que él se esforzaba en mostrar; en definitiva, lo que se empeñaba en ser: un pobre idiota (o un idiota pobre, que también).
Suya afectísima, Dª Olga Zana, viuda de Paesa.
¡Ay! que se me olvidaba, y es que no sabe una ni dónde tiene la cabeza; que he decidido aceptar su generosa invitación para visitarle en el Caribe. Llegaré a San Bartolomé el próximo viernes acompañada de mis seis hijos y de un cerdo, mi cuñado; espero que no le importe. En la larga temporada que planeamos gozar de su hospitalidad tendremos tiempo suficiente para conocernos mejor, para que yo le demuestre cómo se sube y se baja un chirimbolito, y para que usted me haga una revisión a fondo de los bits per minute, que falta me hace, porque le aseguro, don Cooper, que mi espíritu era una jota, y los "arreglos" lo han convertido en un fado. |
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