Memorias del rock

LNE.ES  07/09/09     Cudillero, M. S. MARQUÉS

Miguel Ríos entusiasma al público en Cudillero con un repaso a sus clásicos.

Un variopinto y multitudinario auditorio disfrutó anteayer en Cudillero con las canciones que a lo largo de 45 años han convertido a Miguel Ríos en el poeta del rock español. Con la capacidad de seducción que dan muchos años de carretera, el de Granada repasó su repertorio más conocido, desde los temas de sus inicios hasta baladas como «Bajo la lluvia», de su último disco. Fueron casi dos horas y media de concierto, buen ambiente y buen sonido. Arropado por seis músicos excelentes, Ríos salió a la noche pixueta sobre un escenario multicolor rodeado de imágenes proyectadas y señales de tráfico apuntando a Granada y Cudillero. De negro y cazadora gris, el cantante hizo honor a las celebraciones del Día de Asturias portando un pañuelo al modo vaquero con la enseña del Principado.

 

Los guiños a la asturianía se elevaron cuando se colocó, tras varios intentos, la montera picona que alguien le hizo llegar desde el público. De tal guisa interpretó «En el río». Coreado por la mayor parte de los presentes, Miguel Ríos dejó de lado los 65 años mejor llevados del mundo del rock para saltar y bailar si no como en su juventud, sí demostrando una gran forma que aún le permite estar sobre los escenarios. Si «Bienvenidos» dio la nota de salida, con «Santa Lucía» se alcanzó la apoteosis. A esas alturas de la noche un público entregado se dejaba querer por el cantante, que, con halagos y buena música, se lo supo meter en el bolsillo. «Asturias es un sitio al que da mucho gusto venir por muchas razones, porque sois gente que se enrolla y porque se come de puta madre, para que nos vamos a engañar», comentó antes de asaltar una nueva canción. La luna y la brisa marina que corría sobre muelle pixueto fueron compañeros de excepción que no impidieron que el arte del rockero caldeara el ambiente. El granadino demostró que aunque haya decidido decir adiós sigue manteniendo la voz y la potencia que lo hicieron grande. Disfruta y sabe dosificarse.

 

Ríos dijo que le hubiera gustado cantar «Asturias», «de mi amigo Vitorín», pero entonó una estrofa de una vieja pieza asturiana.

 

Ya cerca del final, nuevamente apoyado en la coral popular, sonaron dos homenajes al rock español: «Sábado a la noche» (Moris) y «Mueve tus caderas» («Burning»). A esas alturas de la noche ya se les movían los pies a niños y mayores. Mientras tanto, en el escenario, entre luces multicolor, se proyectaban imágenes de su larga carrera musical. Y con sus muchas tablas no se olvidó del contratante: «Estamos aquí gracias al Principado. Espero que apreciéis que vuestros impuestos se van en algo que os da gustillo». Y empezó la despedida con «Vivo en la carretera», para, tras otros dos temas, dar el adiós definitivo con un «Himno a la alegría» que sonó en todo el anfiteatro de Cudillero.