Miguel Ríos dice adiós rejuveneciendo a su legión de fieles

miguel-rios-web.jpgLA VOZ DE A CORUÑA / A.Mahía y J. Torreiro / 21.11.10

 

Más de 6.000 fans del roquero corearon los grandes éxitos del granadino

 

Logró reunir en el Coliseo a hijos y también nietos del rock and roll. Nada menos que 6.000. Era su último concierto en la ciudad y Miguel Ríos lo dio todo sobre el escenario. Antes de que comenzase el recital había una calma expectante, con gente entre el público cantando alguno de los temas que sonarían después por los altavoces. Empezó a las once menos cuarto, con 15 minutos de retraso, cuando sonó Memorias de la carretera , que enlazó con Bienvenidos y Generación límite . Las tres del tirón.


Fue el arranque de un concierto en el que se despidió un hombre que lleva sobre los escenarios medio siglo. Y no anda nada cansado ni achacoso. Se pasó la semana diciendo que ya no está para muchas alegrías, que el rock exige mucho y que por la edad que tiene ya bastante hace. Mentira. Porque el Miguel Ríos que se subió ayer al escenario del Coliseo no paró. La primera media hora cayeron clásicos como Vuelvo a Granada o El río, temas legendarios de su discografía. Y en una de sus primeras intervenciones dijo que había «flipado» con el temporal y que era «un día perfecto de lluvia, percebes y rock and roll».

 

A partir de ahí aprovechó su último concierto en A Coruña, ciudad en la que actuó con éxito muchas veces, para recoger lo mejor de un repertorio en el que el único protagonista es el rock en estado puro. Y el público constató que esa noche pasaría a la historia.

 

Entre ellos había un grupo de 17 personas que llegaron desde O Porriño, y a la cabeza estaba Juan, con un curioso parecido con el cantante, que lo sigue desde siempre, aseguraba. Una pareja había llegado desde Astorga. Él, Vicente García (47 años) explicaba que aprovechaban el concierto «para pasar el fin de semana en A Coruña». Una pequeña muestra del poder de convocatoria de un concierto que todos sabían muy especial y que se prolongó hasta cerca de las tres horas, con el foso del Coliseo coreando prácticamente todas las canciones. Se las sabían al dedillo.

 

Miguel Ríos fue el primero en realizar grandes giras en España, en montar los equipos de sonido colgados en las estructuras del escenario o en demostrar que las plazas de toros servían para algo más que para torturar animales. Le plantó cara al sistema y a varias generaciones de críticos musicales que no veían con buenos ojos que un roquero se colara en las listas de ventas y ayer, a sus 66 años, volvió a demostrarlo.